Con el Pixel 10 hice un buen truco. Como mi teléfono anterior también era Android, la configuración fue sorprendentemente sencilla. El procesador Tensor G5 es más que suficiente para todas las aplicaciones exigentes. Lo único es que el espacio de almacenamiento de solo 128 GB me parece insuficiente, pero gracias a la conexión en la nube (por ejemplo, Google Drive o Microsoft OneDrive) y al 5G, el pequeño espacio no me importa mucho. La pantalla es muy brillante y con una frecuencia de refresco de 120 Hz, las animaciones suaves son totalmente fluidas. Lo bueno es que este teléfono, por el precio de gama media, viene con 12 GB de RAM, algo impresionante en tiempos de precios tan altos de la memoria. Palabra clave: centros de datos de IA que brotan como hongos y provocan una escasez exorbitante de RAM. Por último, un aplauso al diseño. La parte trasera está completamente de vidrio, lo que le da un aspecto elegante y de alta calidad. Los laterales son de aluminio. A pesar del vidrio, el smartphone es sorprendentemente resistente a roturas. Una caída desde la altura de la mano sobre un suelo de madera lo soportó con facilidad sin rayones visibles, y sin funda. El cargado inalámbrico (wireless charging) funciona bien, pero no tan rápido como el cableado. El Pixel 10 solo tiene el estándar de carga Qi 2 con 15 W. Para comparar: Qi 2.2, que el Pixel 10 Pro tiene, ofrece 25 W de energía de carga. Y por último, pero no menos importante, Google garantiza al menos siete años de actualizaciones en sus dispositivos Pixel. Al mismo tiempo, las actualizaciones se lanzan mucho antes que en otros fabricantes. Conclusión: Si quieres un smartphone de alta gama a un precio de gama media y disfrutar de Android 23 sin preocupaciones, este dispositivo es una excelente opción. Recomendación de compra clara y contundente.