Chicos, tengo que admitirlo: quien compra barato compra (al menos) dos veces. Después de que mi viejo escarificador de Parkside fuera tres veces al servicio técnico en dos años y —como no podía ser de otra manera— dejara de funcionar definitivamente exactamente dos meses después de que caducara la garantía, ya estaba harto. En mi cabeza Einhell y Parkside estaban siempre en la misma 'zona barata'. ¡Pero madre mía, cuánto me equivocaba! Entre el aparato Einhell y mi viejo trasto hay un mundo, si no galaxias enteras. Montaje y acabado: Ya al sacarlo, la primera sorpresa: el montaje fue una broma. Monté la máquina yo solo en unos 10 minutos. Un par de tornillos, fijarlo todo y listo. No suena nada, todo parece macizo, de calidad y bien pensado. Nada está torcido ni parece hecho a la ligera. Potencia sin fin: Pero lo más importante: ¡la máquina tiene potencia! Se siente más como si estuviera labrando todo el césped en vez de arrancar un poco de musgo. El resultado es excelente y, créalo o no, da gusto pasar la máquina por el césped. Por fin una herramienta que no se rinde ante cada brizna de hierba. La bolsa 'de juguete' para recogida: Pasemos al único (y casi cómico) punto negativo: la bolsa. Con sus 20 litros es más un bonito accesorio que una herramienta útil. Tras lo que parecen tres metros está llena y corres más al compost que a escarificar. Tiré la bolsa a un rincón después de cinco minutos y ahora dejo la salida abierta. Luego le doy un repaso rápido con el rastrillo y listo. Ahorra tiempo y nervios. Conclusión: Estoy realmente convertido. El escarificador Einhell vale cada céntimo. Mi resto de colección Parkside en el garaje probablemente ya tiembla, porque poco a poco voy a cambiar la flota por Einhell definitivamente.